Al final, llega Semana Santa y acabamos en los mismos sitios de siempre: Londres, París, Roma, Lisboa… Eso, claro, si no eres un “semanasantero”, que en ese caso o te quedas en tu ciudad a ver a tu Virgen o a tu Cristo, o te vas de turismo religioso a conocer los tronos de Castilla-León, por poner un ejemplo.
Por cambiar un poco, una opción sería visitar la monumental Sintra. Durante algunos años fue la capital del país vecino (aunque fuera mucho antes de que Franco llegara a corneta) y, junto con Évora y Oporto, es otra de las ciudades portuguesas que demuestran una mayor riqueza arquitectónica.
El Palacio da Pena es un conjunto impresionante, con un recorrido interior que dejará molido al mejor deportista. Su colorido exterior y su inmensa cúpula hacen que de inmediato se convierta en el favorito de muchos turistas, sobre todos de los que vienen de Oriente.

El Castelo dos Mouros es otro de los elementos sobresalientes. Se empezó a construir sobre el siglo VIII o IX, y desde entonces ha sufrido permanentes reformas. Inmenso, en lo alto del monte y con unas cuestas que no se acaban nunca; si consigues llegar hasta su parte más alta, alcanzarás a ver una de las mejores panorámicas de la región.

El Palacio Nacional de Sintra y el de Queluz son también otras pequeñas muestras del rico legado histórico de este lugar. Aunque lo que verdaderamente convierte a esta zona en algo diferente es la combinación entre naturaleza y arquitectura.
Cientos de años de historias, con sus guerras, sus batallas, sus dinastías… y con un completo respeto por el entorno. Ahora bien, nada recomendable para alérgicos (y menos en abril) ni para personas que sufran del corazón, porque lo del transporte aquí no se estila mucho, así que para descubrir los secretos de Sintra no te quedará más remedio que ir mucho “a patita”.

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