
Después de las 14 horas de vuelo, por fin llegamos a Buenos Aires que nos recibía calurosamente, concretamente con una temperatura cercana a los 35 grados. En verano Buenos Aires es una ciudad bastante calurosa, como pude comprobar al día siguiente cuando tuvimos una sensación térmica de 45º, una temperatura que según los “porteños” (así se llama coloquialmente a los habitantes de Buenos Aires) no alcanzaban en el mes de febrero desde hacía 20 años.
En distintas guías de viajes y páginas webs se previene al viajero sobre la alta inseguridad de la ciudad porteña, pero nuestro grupo no sintió esa inseguridad en ningún momento. Buenos Aires no se diferencia en este aspecto de cualquier otra gran ciudad, si exceptuamos Tokio. La guía que nos acompañaba nos dio unas pequeñas instrucciones para evitar cualquier situación desagradable, en las zona turísticas tener cuidado con los carteristas y evitar pasear solos a ciertas horas por determinados barrios, como pueda ser “La Boca”.
Para moverse por la ciudad, una buena opción es usar los taxis, si andáis bien del corazón, ya que los taxistas argentinos conducen de manera muy agresiva y a altas velocidades. En Buenos Aires los taxis son vehículos bastantes antiguos pero son un transporte económico, la carrera máxima puede salirte por 20 pesos (unos 4,5 €) y te lleva directo a tu destino en poco tiempo. Como recomendación os diré que es mejor llamar para pedir un taxi que pararlo en la calle. La carrera comienza en el momento de subirse, no desde que se llama para solicitar el servicio.
Hay tantos Buenos Aires como barrios tiene, casi 50, teniendo cada uno de ellos un aire y un sentir diferente. Así nos lo demostró el city tour que hicimos durante el primer día. No podéis dejar de visitar por lo pintoresco, el Barrio de la Boca, Recoleta, con su famoso cementerio, San Telmo, Puerto Madero, donde encontraréis los mejores restaurantes de Buenos Aires. Paseando por sus calles se escucha gallego y asturiano en la Plaza de Mayo, se siente italiano al paso de La Boca y huele a francés en calles como Alvear y Arroyo. Una ciudad de lo más cosmopolita.
En cuanto a los hábitos de comida es un tanto distinto a lo que solemos estar acostumbrado. Su principal comida es la cena, teniendo un almuerzo bastante ligero. En la primera comida que tuvimos nos pusieron de “primer plato” pasta rellena, todos nos quedamos esperando con ansia el “segundo plato” con nuestro buen trozo de carne, que para eso estábamos en Argentina, pero tuvimos que esperar a la cena, para disfrutar de tan afamada carne.
En próximas entradas hablaré de la noche porteña y la visita a Iguazú.
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